La abuela ‘Aleksandra’ visita a las tropas rusas en Chechenia

Hace unos días llegó a mis manos, por casualidad, una de las últimas películas del director ruso Aleksandr Sokúrov: Aleksandra, también traducida como Alexandra, de 2007. Es la historia de un conflicto actual que sigue sin resolverse y, en gran medida, obviado por los medios de comunicación más habituales: el conflicto de Chechenia. Un enfrentamiento que, más allá del tirón informativo que tuvo en los años noventa tras la invasión por parte de las tropas rusas y los atentados perpretados por sus oponentes —algunos con una autoría no del todo clara— ha quedado relegado a un segundísimo plano que oculta guerras por el oro negro, déspotas gobernadores que dirigen el territorio a modo de títeres y una pobreza generalizada entre la población.

En este contexto, Aleksandra Nikolaevna, interpretada por la soprano rusa Galina Vishnèvskaya, acude a las tropas de posición rusas que se encuentran en territorio checheno con la intención de pasar unos días con su nieto, uno de los mejores oficiales de la unidad. Allí se encontrará ante una situación de extrema deshumanización, en la que los soldados carecen de cualquier tipo de sentimiento y afecto hacia los demás, incluso se muestran reacios a demostrarlo públicamente. Una total falta del lado femenino, del amor de una madre, de la pasión de una mujer.

Su estancia en el destacamento dará cuenta de la excesiva juventud de unos soldados que han tenido que madurar y ‘hacerse hombres’ en un conflicto que ni ellos mismos entienden, pero que, a la vez, temen a quienes consideran sus enemigos. Una vocación casi religiosa que obliga a servir a la patria, un honor que todo ser humano debe labrarse antes de volver a casa. Desde el otro bando, sus coetáneos se muestran críticos y hostiles hacia un pueblo considerado invasor y causante de su desastroso futuro.

Sin embargo, la salida de Aleksandra del campamento mostrará una sociedad chechena pobre, al servicio de los rusos y con un sino que no va más allá del simple hecho de sobrevivir. Una unión entre rusos y chechenos que se da entre la tercera edad, entre Aleksandra y su reciente amistad. La vejez y la experiencia es la única que da sentido a un lazo amistoso en el que no cabe el rencor ni el enfrentamiento, sino una mano tendida a una nueva amiga en San Petersburgo. Ellas no saben el porqué de la hostilidad. Quizás conozcan las causas, pero no le encuentran sentido ni explicación.

Una sutil reflexión sobre una guerra igual de incomprendida en la que todo queda en manos de la juventud y su marcha rutinaria a ‘misiones’. No hay escenas de muertos, no hay enfrentamientos, no hay tortura. Nada explícito que incomode al espectador. Peca de un diálogo pobre a la vez que muestra una pequeña parte de la situación del territorio caucásico, en la que no cabe el sometimiento, no solo por parte de las tropas rusas, sino del propio gobierno de Ramzán Kadýrov. Ello no quita el interés que pueda despertar la película. Galina Vishnèvskaya, al igual que los jóvenes militares, borda el papel. Es una historia desde un punto de vista humano, de la relación entre una abuela y un nieto, del ejército, de la incomprensión. El resto, queda a juicio de los conocimientos previos y la reflexión personal.

Juanjo Sánchez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s