La Habitación Roja: permanentes con ‘Fue eléctrico’

Si hay algo que podemos recriminarle a los valencianos La Habitación Roja no es otra cosa que un sonido permanente, casi sin variaciones de un disco a otro. Esto dicho así puede parecerse al efecto de un frío hielo recorriendo la espalda, pero no. Más allá de metáforas, La Habitación Roja firma, nuevamente, en Fue eléctrico con una marca tan personal que los hace inconfundibles.

Tras algo más de dos semanas en el mercado, las quinielas vuelven a acertar. Con casi más detractores que fans fervientes —esas oscuras leyendas parecen hospedarse en los currículos de algunos grupos independientes en el panorama español— hacen preguntarse qué no ha hecho bien esta banda en sus diecisiete años de rodaje. Escuchando este disco —por lealtad, consecuente con sus anteriores trabajos— quizá podamos interpretar cuáles son esas carencias que tanto les achacan en algunos foros. Su estilo anda cercano al pop convencional, no faltan canciones más sensibleras y otras más oscuras pero sin alarmarnos, estos no son los crípticos Vetusta Morla. Quizá la permanencia en el mismo estilo y la no fusión o experimentación hacia otras corrientes, la repetición de temáticas y la tónica melancólica que imprimen a sus composiciones hacen a algunos restar importancia a los logros de Jorge Martí y los suyos.

En Fue eléctrico, volvemos a nadar en las profundidades de un estilo bien consolidado, que atrapa y que empatiza con el oyente. De hecho, saber hablar de uno mismo y hacerlo transportando sentimientos a un público es uno de los más eficaces ingredientes de LHR. En este disco tienen un peso más importante canciones con más ritmo, dejando aparcado un género como el de la balada, al que no le tienen nada de miedo. Pero ése y no otro era el objetivo de la banda, pues quería conseguir cortes más bien movidos de cara a abrir un concierto con cualquiera de las pistas. Se puede decir con un corto margen de error muestral que se han salido con la suya.  De las once canciones solo Malasombra y Norge se permiten salir de este aura de electricidad. Retazos de historias tristes que aúnan como siempre lo mejor de lo peor. Norge da buena cuenta del bagaje del grupo, nos recuerda a canciones pasadas.

Pero a La Habitación Roja no se le han cruzado los cables. Ayer, su primer single, no deja de lado ese afán encarnizado por el análisis del tiempo pasado que completa de sobra en el resto del trabajo. Tiene toques muy poperos y pegadizos que combina a la perfección con esa dosis de culpabilidad que tiene hacer daño a quien no lo merece. De vuelta al pasado, también encontramos cortes como La segunda oportunidad que bien podría auparse al puesto número uno dentro del ranking de canciones más positivas de este disco. Es una descarga de buenas vibraciones, de versos al más puro estilo LHR y de autoafirmación de estilo y personalidad propia. Sin duda, la recordaremos cuando pase el tiempo.

El corte más hiriente, Ahora quiero que te vayas, habla de la necesidad de la ruptura en una historia incluso después de haber concluido. Juegan, como siempre, con las metáforas (“el imperio de la noche”) para lograr una pieza que va in crescendo de modo solvente y que apunta directa al corazón. Una declaración de intenciones.

La inevitabilidad de las rupturas se plasma de modo definitivo en  Indestructibles, pegadiza y demasiado blanda, que está resuelta con acierto y vuelve a contarnos algo que viene sonando desde hace tiempo: la fugacidad cada vez más latente de las historias. Quizá lo más desconcertante es encontrar un estribillo quizá demasiado rallado.

Annapurna da una dosis de aire fresco con unas composición elaborada que puede llegar a pasar desapercibida. No hay que equivocarse, este es el tipo de canción que asienta la trayectoria de los valencianos. Mucho coro y buenas letras evitando el blandipop de otras. Siberia opta por las metáforas en burbujas infinitas, las secuelas de la radiación, el dolor y sus consecuencias. Mucho me temo que no llegará a ser de las favoritas del público.

El resplandor es una de las canciones más flojas y quizás haya sido el mayor hándicap de cara al disco colocarla como apertura. Lo hace bien al inicio, pero la sucesión del estribillo una y otra vez llega a hacerse demasiado pesada. La canción se convierte en un bucle repetitivo de cinco minutos cercano a la pesadilla a la que se hace mención en la letra. Los polos contrarios se atraen. Lecciones universales. Por eso, al igual que la apertura del disco no es todo lo buena que debería, La razón universal, es todo lo contrario. Una de las mejores canciones, sincera, directa y con un ritmo que engancha sin llegar a cansar. Nos habla de lo que pudo haber sido y no fue. La Habitación Roja en estilo puro, un nuevo himno.

Pero si algo marca la diferencia en líneas generales en el disco es Cielo protector, muy distinta a las demás en el aspecto más formal del sonido, el punto renovador del disco, sin duda.

En pocas palabras: Fue eléctrico

Disco de 2012, editado el 20 de febrero

-Lo peor: El resplandor

-La perla en el fondo del mar: Annapurna

-Lo mejor: La razón universal

Lo innovador: Cielo protector

¿A qué recuerda? Solo a ellos, a La Habitación Roja. Transporta a cualquiera de los discos anteriores. Escuchable, en su tónica habitual.

María José Gata

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